Tuesday, December 11, 2018

A donde fueres…no es tan fácil

Una mañana vas a desayunar a un restaurante. Es tu primer día en un lugar desconocido. Ves el menú y entre las opciones de bebidas encuentras “lima exprimida”. Automáticamente piensas “¡jugo de lima fresco!” y lo pides con la emoción de un amante de la aventura. Pero te traen el “jugo” y te das cuenta que no es jugo, es literalmente un vaso de lima exprimida. Entero. Intentas tomártelo, pero los dientes no aguantan y simplemente es imposible tomarlo. Bienvenido a esta nueva tierra.



La maravilla de aprender un idioma mientras vives en el país donde se habla es que te enteras de cosas que por más que leas y estudies, nunca terminarías de entender. Vivirlo lo hace tuyo. Por otro lado, te obliga a ampliar tu entendimiento del mundo. El mundo no se reduce a la forma en la que cada quien vive y hace las cosas. Hay tantas formas distintas de hacer las cosas, como hay países en el mundo. Muchas veces, es difícil adaptarse a las formas, es decir a la comida, a los horarios, el trato, los espacios… pero intentarlo puede ser muy divertido.


Después de muchos años de vivir en Estados Unidos, hoy llego a la conclusión de lo muy acostumbrada que estoy a los espacios grandes, amplios. En Francia, probablemente en toda Europa, todo es chiquito. De repente, sin darte cuenta, terminas en un restaurante sentado en una mesa en la que, si quisieras salir al baño, tendrías que pedirle a la señora mayor de tu lado derecho que te deje salir, o recorrerte hasta el final de una butaca donde hay tres mesas distintas, para pedirle a otras dos personas que te dejen salir, y hacer lo mismo al regresar. A mí no me gusta molestar a la gente y tal vez los franceses están tan acostumbrados a su manera de vivir, que lo ven normal, pero no lo sabré porque cuando me encuentro en circunstancias como esas, hago lo posible por no pararme hasta que las personas de los lados se hayan ido. 

El horario de comidas también es muy distinto en Francia: a la hora del almuerzo los restaurantes están completamente llenos, pero a eso de la 1:30 de la tarde se empiezan a vaciar. De las dos de la tarde a las siete de la noche, es posible que encuentres restaurantes abiertos, pero no te servirán comida, solo bebidas. Incluso, algunos restaurantes solo abren para el almuerzo. La cena en Francia es tarde para mis costumbres actuales que he adquirido en los últimos 10 años que llevo viviendo en Estados Unidos.



Estos horarios y formas de comer tienen a mi estómago está por demás confundido. En Francia, solo se desayuna café un pan tostado con mermelada. Cuando voy a mis clases en la mañana, llego con hambre y siento que me falta energía para poder trabajar bien en la clase. Salgo a almorzar con mucha hambre, pero no es tan fácil como ir a comer y ya. Todos los menús de los restaurantes están escritos en cursiva a mano en una especie de pizarrón pequeño; si no conoces los platillos franceses, tu azúcar ya va por los suelos y el cerebro dejó de funcionar, se complica un poco leer estos menús. La mayoría de las veces, elegimos un restaurante y pedimos sin saber qué nos traerán. Además, las porciones de los platillos son bastante pequeñas, especialmente si las comparamos con las porciones estadounidenses. Eso sí, la comida es exquisita y por si fuera poco, los franceses comen queso de postre que ¡me encanta!



Aquí se come pan a toda hora del día. Pan fresco de la panadería de la esquina. Generalmente trato de no comer tanto pan, pero aquí se me hace absolutamente imposible y requiere el doble de esfuerzo. Así que me di por vencida.

La pregunta del millón es “¿de qué manera nos afectan estos cambios en la dieta?” Hemos notado que los franceses son bastante delgados y nos preguntamos cómo puede ser si comen tanto pan y queso; tal vez sea cuestión de ADN.

La verdad es que no sabremos la respuesta hasta dentro de unos meses. Sin embargo, después de una semana de estar aquí, estoy convencida de que podría dormir todo el día sin parar. Se dice que entre más duerme uno, más cansado está, y puede que esa sea la razón de mi cansancio. Pero ¿cómo no? Me repito una y otra vez. El cansancio mental que genera funcionar en un idioma ajeno al mío todos los días, al que le dedico alrededor de ocho horas de trabajo minucioso, buscando vocabulario, tratando de entender la forma de hacer las cosas y tratar de acordarme de todo lo que aprendo, con el extra del cambio de horario y de alimentación…obviamente estoy agotada todo el tiempo.

“A donde fueres…harás lo que vieres” …Eso intentamos, ¡pero no es tan fácil!

Monday, December 3, 2018

Rumbo a lo desconocido

Siempre he creído que de vez en cuando es bueno salirnos de nuestra zona de confort. Entre más tiempo pasamos viviendo una rutina en la que nos sentimos seguros, más difícil es salir de ella. Habrá gente que crea que no hay necesidad de cambiar nada ni ponerse a prueba, pero yo creo que, al hacerlo creces, aprendes y descubres cosas de ti mismo. Cuando decidimos que íbamos a hacer este viaje, no supe ni por dónde empezar. Lo único que sabía es que quería tomar un curso, por lo menos al principio. Lo difícil del tema es que he tenido muy malas experiencias con cursos de idiomas. No a todo el mundo se le dan los idiomas; muchas veces por trabajo o decisiones personales, la gente decide aprender otro idioma. Si alguna vez has tratado de hacerlo, sabrás que puede ser un proceso por demás frustrante. La enseñanza de idiomas, al igual que la educación en general, se quedó estancada en el siglo pasado y no ha logrado evolucionar. La mayoría de las escuelas de idiomas de gran reputación tienen exactamente la misma estructura de clases, basada en una escala de niveles y generalmente dirigidas a aprobar exámenes. No importa si estás aprendiendo inglés, alemán, francés o chino. Y lo digo porque he tomado clases de todos esos idiomas. Pero ¿qué tan práctico es este sistema? La mayoría de las veces, en un mismo salón hay una mezcla de niveles imposibles de igualar, y la gente que no sabe mucho de gramática en su propio idioma (y no le gusta) la pasa muy mal.


Es difícil aprender cosas por gusto propio, vivimos en un mundo en donde la mayoría de las personas termina haciendo algo porque “tiene que hacerlo”. Eso hace que el proceso sea mucho más difícil. Yo soy apasionada de los idiomas, fan número uno de la gramática correcta (y en constante aprendizaje de la misma). Entiendo que, para aprender un idioma, la mayor parte del trabajo que dará resultados es individual. Pero la gente no llega a las clases de idiomas con este entendimiento. Llegan en general con expectativas de salir de un curso de nivel intermedio, dedicando tal vez tres horas a la semana, con la capacidad de hablar y entender el mismo. Y si además están aprendiendo por obligación, es la fórmula perfecta del desastre.

Por todo lo anterior, pasé bastantes horas tratando de encontrar algo distinto. Tomar la decisión de pasar tanto tiempo en otro país para dedicarse exclusivamente al idioma no es cosa de todos los días, así que quería asegurarme de encontrar un curso que cumpliera con mis expectativas y objetivos. Y lo logré. Encontré una escuela que ofrece clases de francés a intérpretes. Por los tiempos, no pude llegar al curso general, así que tomaré clases individuales con la profesora. Para asegurarnos de que fuera lo más efectivo posible, también vamos a vivir con una señora que solo habla francés y que pasará tiempo con nosotros todos los días. No sé bien si se cumplirán mis objetivos. Solo sé que me salí de la rutina para ponerme a prueba una vez más y que la emoción de lo inesperado me llena el corazón de alegría.


Saturday, December 1, 2018

De vuelos y cambios de horario

El vuelo estuvo brutal. Nunca me había dado tanto calor en un vuelo. Al contrario, siempre me da frío; por lo mismo iba tapada y hasta agarré colcha por si las dudas. Pero el avión era chiquito, había poco espacio y el aire no servía. Pasé toda la noche viendo Big Little Lies que nunca había visto, porque no logré pegar el ojo. Hicimos escala en Reikiavik. Originalmente, la escala era de una hora, pero el avión salió tarde; quién sabe cómo logramos bajarnos del avión, pasar inmigración y llegar a la sala del segundo vuelo en menos de media hora. Hasta las maletas lo lograron. Solo que esta vez, aunque el vuelo era más corto, teníamos más espacio, me dio frío. Igual, era tal mi cansancio que me dormí todo el vuelo.

Al llegar, no teníamos prisa de ningún tipo, así que nos tomamos todo con calma y paciencia, que no sobra decir que en esas condiciones de cansancio y desconocimiento, son dos virtudes difíciles de mantener. Nos habían recomendado llevar una foto infantil para comprar una tarjeta de transporte público en París, pero no logramos traer foto los dos. Lo bueno es que hay maquinita para sacar fotos antes de las ventanillas de compra. Lo malo es que creo que pasamos más de una hora ahí entre esperas y el tiempo que nos tomó descifrar que la máquina no aceptaba tarjetas y solo un tipo de billete. Finalmente logramos hacerlo y pudimos tomar el tren a Paris. Llegamos sin problemas. 



Uno puede seguir funcionando con esos niveles de cansancio todo lo necesario, pero si ya no es necesario hay que parar porque si no se vuelve uno vulnerable a muchas cosas. Hay gente que dice que no es bueno dormirse, que hay que seguir despierto para adaptarse más rápido al cambio de horario. La verdad, es que todos somos distintos y hay que hacer lo que le sirve a cada quien. A nosotros nos vino muy bien descansar y luego salir a cenar riquísimo. La primera mañana fue un poco más difícil, pero nos la tomamos con calma. Habíamos comprado cosas para desayunar la noche anterior y solo salimos por pan (¿cómo no salir por pan?). Había reservado un recorrido de Paris gratuito en francés que empezaba en la tarde. Así que salimos con tiempo para recorrer un poco nosotros, almorzar y llegar a tiempo. El recorrido fue una maravilla. La guía era española con un francés casi de nativa, y nos dio todo el recorrido en francés porque esa es la idea de estar aquí. Al terminar, nos dejó en una tienda de dulces y galletas donde nos tomamos un café. Después caminamos a conseguir un teléfono local para podernos comunicar. Al lugar al que fuimos lo hace todo uno en unas máquinas, y de nuevo tardamos mucho tiempo en descifrar las cosas, pero al final lo logramos.

Es increíble cómo funciona el cerebro. En alguna parte, tengo bien guardado el francés que aprendí hace más de 10 años y que empecé a reactivar poco a poco hace dos. Por otro lado, tengo la ventaja de que no me da pena hablar en francés, aunque sé que me falta vocabulario y mucho que mejorar. Pero sé que mi tiempo aquí es corto y que tengo que aprovechar toda oportunidad que tenga para mejorar. Eso además ayuda a que todo fluya mejor. Los locales reaccionan bien y eso motiva a seguir haciéndolo. Recorrimos gran parte de París, no todo, nos faltó. Pero es que de verdad nos detuvimos a admirar y sentir la ciudad. Estoy tan presente que me doy cuenta de cosas que otros no. Llegando a Sacré-Cœur noté que había un músico tocando “A mi manera” en un arpa, y ahí, con Paris a nuestros pies, imaginé a mi papá cantándola, acompañado por mi mamá, mi hermano y toda mi gente más presente que nunca. Estoy feliz de estar aquí y lista para sacarle jugo a todo momento.


El curso de francés

Siempre me gustó mucho la escuela y me encanta tomar cursos para aprender de todo. Hace más de 15 años, aprendí alemán en Suiza con cursos....